viernes, 29 de junio de 2007

«La mirada del coleccionista: Colección de juguetes Bartoplás de Juan Carlos Acevedo de Figueroa y Villarreal», viernes 29 de junio, 2007



B A R T O P L A S O el onanismo en grado sumo Después de estar amontonando juguetes de caucho durante años, un día nos decidimos a sacarlos a relucir por cuenta propia, con el fin de hacer una exposición de objetos inusuales del zoológico de una industria colombiana dedicada a la fabricación de pequeñas cosas para niños. Al contrario del criterio común de la gente que busca las cosas sin mácula, nuestro bestiario lleva las huellas de todos los horrores y el estigma de los más profundos amores, es imposible imaginar tantos manoseos y remilgos, abandonos y hallazgos a lo largo de más de cuarenta años de estar rodando por el mundo, es cierto que algunos tuvieron el privilegio de un estante o una vitrina y sirvieron para aquellos niños que hallaron no jugar con su ídolos como la cosa más normal; pero, la gran mayoría exigen que les miremos con respeto todas sus peladuras, magulladuras, brazos rotos y amputaciones sucesivas. Nuestro empalago llega a tanto, que les proponemos una exposición de más de doscientos de estos juguetes, cosa gratuita, pues en las calles de nuestra querida ciudad hay miles abandonados y reclaman nuestra compasión. El objeto de caucho en mención lleva por marca el nombre Bartoplas, un logo con poco espacio en el basurero imperecedero de imágenes corporativas, nada que hacer; nos interesa más resaltar el azar, los cambios fortuitos y predestinados que sufren las formas moldeadas en caucho. Sin embargo agradecemos al señor Bartolini y a industrias Bartoplas por su buen criterio en la escogencia de los modelos y a la terminación a mano que da a sus juguetes, ya que eso otorga un carácter único a cada uno de los muñecos que fabrica.
Juan Carlos Acevedo de Figueroa y Villarral


Historias de juguete y mentira

Que los asuntos del corazón necesitan de la mentira, es parcialmente cierto. En el caso de los juguetes, estos suelen entenderse como asuntos (objetos) cercanos al corazón, a los recuerdos de la infancia y por ende cargados de "sentimientos buenos e inocentes". Sin embargo, esto no resulta tan cierto en todos los casos; debo confesar que el recuerdo más significativo que tengo de un juguete no se remonta a mi lejana infancia, sino al 2002 o 2003 cuando en un noticiero pasaron una nota en la cual Enrique Peñalosa le entregaba un muñeco "Angelino" de la Fabrica Nacional de Muñecos a Angelino Garzón para que "no llorara más" tal cual fue registrado folclóricamente por los medios; nunca logré tener acceso a esa nota de nuevo ni a registros de prensa a ese respecto, pero bien quedó grabada en mi memoria.


Por aquel entonces los juguetes andaban por su lado y yo por el mío, hasta hace un par de meses, cuando el afortunado encuentro con la colección de muñecos Bartoplás de Juan Carlos Acevedo de Figueroa y Villareal, y las visitas esporádicas a fabricantes, coleccionistas, piezas y documentos de juguetes de fabricación nacional producidos y comercializados entre los 50 y los 90, nos juntaron sin un motivo aparente.


Siguiendo el rastro del señor Humberto Bartolini Arias, nieto o bisnieto quizás del fundador de Bartoplás en 1929, quien aparecía en una página de Internet, terminé encontrándome con fantásticos personajes de cuentos infantiles. Hadas madrinas o "caritativas" ex primeras damas que le abrieron las puertas de este falso castillo a compañías extranjeras con el pretexto de hacer donaciones a niños pobres pero evidentemente con intenciones "non sanctas". Gepettos se que sumían en la incertidumbre en medio de políticas económicas poco favorables para la industria nacional; Pinochos del sector oficial que luego de mantener una poco sana posición paternalista pasaban drásticamente a una liberación de importaciones y que mentían frente al apoyo que supuestamente daba el gobierno a la industria del juguete. Grimaldos Grillos que denunciaban desde la academia o desde las asociaciones industriales la crisis del sector y que, evidentemente, no fueron escuchados. En resumidas cuentas nos embutieron un tomo más de los magicuentos que históricamente le han contado (y aún le cuentan) al país, reproduciendo a pies juntillas la lógica de las historias para niños (¿o es al contrario?)


Finalmente me permito parafrasear o, mejor, paratitular a Marshall Berman, afirmando que esta exhibición, venta de juguetes, colección de catálogos, recortes de periódicos y fotos, no es solo una muestra de que todo lo sólido (tan sólido como el crecimiento permanente de la Industria Colombiana) se desvanece en el aire, sino un intento de que lo ocurrido hace un par de décadas en un sector particular de la historia económica del país, y los juguetes que sobreviven como testigos, no se desvanezcan en la memoria.

Natalia Ávila Leubro


viernes 29 de junio, 2007

El Bodegón (arte contemporáneo - vida social)






2 comentarios:

Ana Milena dijo...

Me parece fabuloso volver a recordar aquellos juguetes que fueron nuestros aliados hace tantos años. Yo personalmente conservo mi primera muñeca Bartoplas y tiene mas de 40 años. Gracias por esos recuerdos.

Unknown dijo...

Es un hermoso recuerdo el que tengo de mi primera muñeca bartoplas con su cola de caballo su pijamita y su osito de peluche. Años despues mi suegra la vio y me regalo el que era de mi esposo un hermoso niño con sombrero grande y guitarra de la misma marca